El RD-L 32/2021, de 28 de diciembre, de Reforma Laboral: tejiendo el mando de Penélope

Grandes historiadores, como Ramón Carande o Josep Fontana, han advertido que la historia no es una sucesión lineal en un camino de progreso hacia cada vez mayores cotas de libertad, igualdad y bienestar. No, ha habido sin duda avances aunque también retrocesos, pero los avances no han sido consecuencia de una regla interna de la evolución humana, sino “el resultadode muchas luchas colectivas”, como dijera el segundo de los historiadores recién citados. El Derecho del Trabajo ha sido uno de los más preciados frutos de esas luchas porque su esencia está en mediar en una relación entre quien tiene poder (el empresario) y quien no lo tiene (la persona trabajadora) garantizando a esta última unos derechos que tratan de preservar su dignidad y limitan (pero no extinguen) los poderes de aquél. El trabajo, objeto del contrato de trabajo, es algo muy delicado porque es inseparable de la persona que trabaja, por eso la OIT, en su Declaración de Filadelfia, dejó claro que el trabajo no es una mercancía, pero no por elloel Derecho del Trabajo está al margen de las tensiones sociales y económicas que hacen aumentar o disminuir, según que momentos, los poderes y derechos de cada una de las partes de la relación de trabajo. Todo esto es bien conocido, pero merece ser recordado ahora cuando se debate sobre la muy importante reforma que se ha acometido de nuestra legislación laboral.

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